La regla de oro de la crianza: amarnos primero para cuidar después 🤍
¡Hola, mamá!
Si estás leyendo esto, es muy probable que tengas ojeras, el pelo recogido en un rodete y la cabeza a mil por hora. Y está perfecto. La maternidad es hermosa, pero seamos honestas: a veces nos absorbe por completo.
Un día nos miramos al espejo y, entre pañales, mamaderas y llantos, nos cuesta encontrar a la mujer que éramos antes de ese positivo. “Primero nos amamos a nosotras mismas para cuidar al bebé”. ¿Suena a frase hecha? Puede ser. Pero para mí es una verdad absoluta y la regla de oro para criar.
Pensalo como la máscara de oxígeno en un avión: los asistentes de vuelo siempre te dicen que te la pongas vos primero y después ayudes a los demás. ¿Por qué? Porque si vos no podés respirar, no vas a poder salvar a nadie más. En la crianza es exactamente igual. Tu bebé te necesita entera, no en pedacitos. Te necesita con energía, con paciencia y con alegría. Y todo eso se nutre cuando te das permiso para ser vos misma, no solo “la mamá de”.
¿Cómo lo logro yo? 🌿
No te estoy hablando de irte un fin de semana entero a un spa (¡aunque estaría genial!). Hablo de pequeños rituales sagrados en el día a día que me devuelven a mí misma:
Mis mates + mi serie: Cuando Fili duerme la siesta, el tiempo se frena. Es mi momento de sentarme tranquila, tomarme un mate calentito y poner un capítulo de mi serie preferida sin interrupciones.
La ducha estratégica: Ducharme antes de que se despierte Fili y empiece el día en avalancha. Salir del agua con la mente despejada para encarar la rutina con otra energía marca un antes y un después.
Mover el cuerpo para apagar la cabeza: Para mí ese cable a tierra es jugar al pádel. Es un ratito donde todo es pura intuición y concentración en la pelota; un espacio donde puedo ver a Fili desde adentro de la cancha, sabiendo que está bien, pero sin estar ocupándome activamente de ella.
Sé que a veces da culpa frenar. Nos da culpa sentarnos cuando vemos la montaña de ropa por lavar, cosas del trabajo pendientes o la cena por cocinar. Pero entendí que es igual de importante cuidar de una misma que cuidar de la casa. Porque al final del día, los platos pueden esperar, pero nosotras no: nosotras somos el lugar seguro de nuestros hijos, y para que ese hogar esté bien, nosotras tenemos que estar bien.
Esos momentos no te hacen egoísta, te hacen responsable. Sos una mujer que se ama y que sabe que su propio bienestar es el mejor regalo para su bebé.
Así que hoy, mamá, te invito a que te pongas tu propia máscara de oxígeno. Un rato de deporte, unos mates a solas o diez minutos de silencio… lo que a vos te haga bien. Tu bebé va a estar bien. Y vos, vas a estar muchísimo mejor.
Con cariño,
Juli 🤍

